Confieso que he amado.
He amado más allá de la razón,
más allá de mi cuerpo, más allá del corazón.
La razón me gritaba, me vapuleaba, me exigía razonar.
Mi cuerpo… mi cuerpo se debilitaba, protestaba, enfermaba de ese amor.
Dentro de mí… el corazón… mi corazón se rompía... sublimándose en amor…
condensándose mi cuerpo, evaporándose el seso, lloviendo en mi corazón…
Amaba mi corazón… pensaba mi corazón… lloraba mi corazón.
Confieso… confieso que he luchado cuerpo a cuerpo,
combatiendo en propio cuerpo,
desgarrándome por dentro, desangrándome, muriéndome,
inmolándome, consciente, en mente, cuerpo y corazón.
Confieso… confieso que he escrito un epitafio dando muerte al corazón.
Confieso… confieso que he firmado la sentencia de la muerte del amor.
Confieso… que agotado, malherido, desarmado, dolorido, se adormeció el corazón.
Lo acunaba tiernamente, le acariciaba mi mente, cantándole nanas de amor.
Hoy confieso nuevamente…
Confieso que amor no muere, amor sólo se adormece, le despierta un gran amor.
Agradezco el sufrimiento… por él supe qué es amarse… por él puedo darte amor.
Un amor que grita el cuerpo… que la razón halla cierto… que acaricia el corazón.
Un amor… en cada gesto… en cada momento tierno… un amor vivido a dos.
Te confieso… mi secreto… por no querer creer en sueños… tu sueño me despertó.
Por decidir retirarme… por no querer lastimarte… el amor se me entregó.
Confieso que estoy amando… confieso lo que en ti amo… cuerpo, mente y corazón.
C. R. C. (05-09-10)
domingo, 5 de septiembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Bicos e agarimos
Carmen