No me digas que ya no te lo digo,
es a mí a quien yo no me decía…
Ya no escribes, ya no hablas,
ya no dejas asomar en tu mirada
las palabras cuyo aliento te dan vida.
Hay un tiempo de darse, otro de pausa,
en el canto rodado que transita,
unas veces de pie, casi descalza,
otras intenta auparse y va en puntillas.
Se le escurre de las manos, se va todo.
Se incrementa el peso y la fatiga.
Son los tiempos del ahogo, atenazando
los suspiros del poeta que camina.
Este tiempo de nada en la nada,
de nadar sin encontrar nunca la orilla,
de mirar apartando la mirada,
de sentir con los que sienten que agonizan.
Y un cartel con una imagen nos recuerda,
lo importante y sencillo de la vida,
una puesta de sol, el mar dorado,
y una mano que a otra manos acaricia.
Pon tu mano en mi mano, y caminemos,
descubramos de nuevo la alegría.
del no pueden quitarnos la palabra,
del no voy a permitir que ahoguen tu risa.
C. R. C. (08/03/2012)
